La gran incertidumbre del país
La crisis de Haití es una espada de Damocles que pende sobre el futuro de la República Dominicana.
Los logros alcanzados durante décadas, cimentando las estructuras del desarrollo humano y material, están bajo amenaza por la crisis desestabilizadora de una nación empobrecida que vive al borde del colapso.
El presidente Luis Abinader, en su discurso ayer ante la Asamblea Nacional, ofreció una dramática radiografía de la situación.
Dijo francamente que hoy nuestro país vive bajo un estado de incertidumbre, provocado principalmente por los efectos de la crisis haitiana.
La inmigración ilegal masiva de miles de haitianos ha inundado el país, trayendo consigo a una población que, aunque en muchos casos huye de la violencia, no puede integrarse fácilmente con los dominicanos debido a las diferencias culturales, sociales y de valores.
Esta creciente presencia ha generado tensiones en la convivencia social, agravada por los elevados índices de criminalidad asociados a estos flujos migratorios.
La situación se complica aún más con la amenaza latente de que las pandillas que controlan Haití utilicen nuestro territorio como refugio o base de operaciones.
El presidente Abinader ha hecho lo correcto al firmar un decreto que tipifica como organizaciones terroristas a las bandas criminales haitianas.
Quienes ingresen al país como parte de estas organizaciones serán perseguidos, apresados y juzgados conforme a nuestras leyes antiterroristas.
Es imprescindible reconocer el firme apoyo que ha brindado el presidente al fortalecimiento de nuestras fuerzas de defensa.
Durante su mandato, las Fuerzas Armadas han sido equipadas y capacitadas de manera sin precedentes, logrando un avance significativo en la defensa de nuestra soberanía.
Este fortalecimiento es vital, dado que el gobierno ha tenido que asumir esta responsabilidad casi en solitario, frente a la falta de un compromiso real por parte de la comunidad internacional para resolver la crisis haitiana.
Esos actores internacionales no harán nada por Haití ni por nosotros para impedir que la Espada de Damocles de la crisis haitiana parta el espinazo de nuestra soberanía y democracia.
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